Workaway En Malasia

Workaway no es para todo el mundo

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Workaway en Malasia y Tailandia. Ya llevamos tres experiencias con el voluntariado y podemos decir que Workaway no es para todo el mundo. Así como lo oyes; bueno más bien como lo lees. ¿Qué pasa? Ah, que no sabes que es Workaway. No pasa nada. Te lo explico un poco. Workaway es una plataforma para realizar voluntariados, es decir, trabajo a cambio de alojamiento y comida. Existen varias plataformas basadas en el mismo tipo de intercambio:

  • WorkawayEs un voluntariado donde puedes trabajar en miles de diferentes proyectos en cualquier lugar, casas particulares, tiendas, escuelas de idiomas, de cocina, de baile, hostales… cualquiera puede apuntarse y buscar voluntarios para llevar a cabo su proyecto. Es la plataforma más popular de voluntariados.
  • HelpX. No, no es porno. Es un voluntariado ayudando en granjas, casas particulares, hostales o barcos
  • Worldpackers. Como en HelpX con el añadido de voluntariados en ONGs, escuelas, proyectos sociales, granjas ecológicas y permacultura
  • Wwoof. Especializada en voluntariados en granjas orgánicas
  • Supongo que algunas más que no conozco

Existen otras plataformas para el llamado housesitting. Ocuparte de la casa y los animales de alguien que está de vacaciones mientras te alojas en la casa por lo que recibes alojamiento gratuito: Trusted HousesittersHouseCarers MindmyhouseDogVacayNomador 

Langkawi, ayudando en un resort

Desde la decepcionante y masificada Koh Lipe en Tailandia cruzamos en ferry a nuestra conocida y maravillosa isla de Langkawi en Malasia.

Conocida porque hace cuatro años pasamos unos días en ella durante un viaje de tres semanas que fue nuestro primer contacto con Asia.

Ya no tan maravillosa porque la conservadora, (Malasia es mayoritariamente musulmana) pequeña y poco explotada playa se ha convertido en una playa extendida artificialmente llena de jet-ski, escuelas de buceo y snorkel, resorts en primera línea de la playa y la calle principal está llena de tiendas de souvenirs y ropa para turistas.

Cuatro años atrás Kasia se bañaba con pantalón corto y camiseta y ahora hay tiendas especializadas en bikinis. Incluso se pueden ver turistas en tanga o en topless paseando por la playa.

Aunque abrimos la cuenta de Workaway hace más de un año, no habíamos tenido oportunidad de realizar ningún voluntariado por diversos motivos. El Workaway en Malasia era nuestra primera experiencia y  estábamos muy ilusionados. Se nos pasó pronto porque el perfil de nuestro host decía muchas cosas que resultaron no ser así.

El alojamiento no era en una habitación con aire acondicionado y con acceso a Internet sino en un dormitorio en un hostal construido con grandes contenedores de esos que transportan los barcos de carga. Durante el día era como un horno (contenedores de metal expuestos al sol del trópico). Afortunadamente el día anterior a nuestra llegada habían instalado ventiladores y por la noche la temperatura interior estaba por debajo de los 35 grados.

Había Wi-Fi, malo pero había. Sólo teníamos que ir a la cocina común en la otra punta del recinto que componen varios bungalows, la casa del dueño y nuestros contenedores/dormitorios.

Estando allí vinieron algunos posibles clientes y se fueron en busca de algo mejor ya que el dueño anuncia su alojamiento en varias plataformas virtuales como habitaciones y dormitorios con aire acondicionado y Wi-Fi y no tiene ni lo uno ni lo otro. Está empezando su negocio y ya tiene malas opiniones en Internet.

El dueño, un sudafricano déspota y prepotente que tiene respuesta para todo, siempre queriendo demostrar que él es mejor y que sabe de todo. Los voluntarios más jóvenes eran los preferidos para sus demostraciones y a mí normalmente me ignoraba. Hasta que un día mientras trabajábamos empezó a increparle a un voluntario alemán de 19 añitos que las navajas suizas no valen para nada y que había tirado el dinero que le costó a la basura. No aguanté más y no me callé. Era mi turno de ser prepotente y le expliqué amablemente que la navaja que el alemán tenía en las manos era mía, que no era suiza sino española, que si que valen para mucho porque la tengo más de 20 años y que cuando sus antepasados aún vivían en Europa y ni siquiera se habían planteado emigrar, en España se fabricaban algunos de los mejores aceros del mundo. Sin decir ni una palabra se dio la vuelta y se fue. No volvió a dirigirme la palabra durante la semana que aún nos quedaba de voluntariado allí.

George Town, ayudando en cursos de cocina

Desde la isla Langkawi nos fuimos a la isla de Penang pero esta vez por tierra. La ciudad más importante (y turística) es George Town y, al igual que hace cuatro años, ese era nuestro destino. Ya sé que he dicho mil veces que no nos gustan mucho los lugares turísticos pero con George Town me permito hacer una excepción. Nunca me canso de pasear por las calles de Chinatown o Little India. A pesar de ser uno más de los miles de turistas que hacen lo mismo. Hay calles, edificios antiguos y street art para todos los gustos. Sin hablar de su increíble gastronomía.   

La idea era pasarse un par de semanas ayudando en unas clases de cocina por las mañanas y tener las tardes libres para visitar no sólo George Town sino toda la isla.

Al llegar a la casa donde está la escuela de cocina y la habitación que tendríamos los próximos días empecé a sospechar que no iba a ser una buena experiencia. Estábamos casi a 40 grados y excepto la zona de la cocina donde hacen los cursos, la estancia no se había limpiado en varios meses. Pensé que tenía arreglo. Limpié todo lo que pude de nuestra habitación arriesgándome a una deshidratación grave por los litros de sudor que me salían por zonas de las que no sabía que se podía sudar pero… el colchón.

El colchón era una obra de arte abstracto. Marcado con cientos o miles de siluetas y manchas de diversas tonalidades de amarillos y marrones producidas por el sudor (eso quiero creer) de todas las personas que han dormido en ese horno al que llaman habitación. Nada más a parte de la cama y algunos taburetes que no caben en la cocina y los metieron ahí, ni un solo mueble.

A las once de la noche la dueña nos mandó un mensaje para decirnos que no había curso pero que ella vendría a trabajar en algunas recetas para el libro de cocina que está preparando. Llegó puntual, a las siete de la mañana. Nos fuimos de compras al mercado y nos pusimos a trabajar. Es decir fregar y recoger todo lo que va dejando a su paso; creo que un huracán causaría menos desorden que ella. Me pareció poco organizada y bastante perdida teniendo en cuenta que estaba en su propia cocina pero el resultado fue muy bueno. Pensé que durante los cursos de cocina sería más limpia y estaría más preparada para las recetas que iba a cocinar. Me equivoqué.

Al día siguiente, después de avisarnos más o menos a la misma hora que el otro día, hubo clase de cocina. Una joven pareja de franceses y una mujer neozelandesa. Fue un caos total. No había recetas, los clientes se pasaron la mitad de la clase picando y machacando ajos y cebolla para preparar platos que ignoraban. Mientras tanto la dueña iba preparando otras cosas en los fuegos. Nosotros, que deberíamos ayudar, estábamos cruzados de brazos o colocando o limpiando lo que el huracán movía a su paso. Un par de veces incluso le quitó el cuchillo al cliente más cercano porque ella lo necesitaba para luego dejarlo por cualquier sitio.

Al terminar ese “simulacro” de clase de cocina no se habían hecho ni la mitad de los platos que tenía pensados (más bien improvisados esa misma mañana). Nadie había hecho un plato completo, una persona había picado la cebolla, otra había cortado las guindillas, la dueña había cocinado alguna verdura con diferentes salsas sin explicar nada a nadie y otra había cortado y cocinado tofu.

Los clientes al despedirse con una amplia sonrisa decían que la clase había sido genial y que habían aprendido muchísimo… Si yo hubiera sido uno de ellos no me hubiera ido de allí sin que me devolvieran el importe exacto de esa farsa a la que llaman curso de cocina.

Sorprendentemente está considerada una de las mejores escuelas de cocina de Malasia y no puedo dejar de pensar en cómo serán las demás si esta es de las mejores.

Al día siguiente decidimos irnos de allí poniendo como excusa que venían unos amigos porque no quisimos decirle que las condiciones del alojamiento son pésimas y que no queríamos formar parte de sus clases de cocina porque nos parecen una estafa.

Koh Phayam, cuidando de 21 perros

Ya habíamos estado en Koh Phayam. Una pequeña isla de la costa oeste de Tailandia. Sin coches, sin turismo masivo, sin supermercados 7eleven. Sólo playas, millones de insectos y cientos de perros callejeros o, mejor dicho, playeros. Nos pareció buena idea volver ahora que es la temporada de lluvias y ayudar a una mujer que se ha instalado allí y se dedica a rescatar, ayudar, curar y alimentar a algunos de los perros abandonados a su suerte en este paraíso tropical.

La dueña vino al embarcadero a recibirnos y en dos scooters nos fuimos a su casa. En mitad de la isla hay que desviarse por un sendero que conduce a un bosque de árboles de caucho donde se deja la scooter y se sube a pie por un zigzagueante camino destrozado por las lluvias hasta lo alto de una colina donde se encuentra la casa. Aislada de la poca gente que vive en la aislada isla durante la época de lluvias en la que no hay ningún turista y muchos de sus habitantes se marchan al continente para no sentirse más aislados. En su día pensamos que era perfecto, estaríamos solos y rodeados de perros.

Durante el día me resigné a estar sudando pero desde la primera noche empezaron mis problemas. Me era imposible dormir con ese calor y cuando lo conseguía me despertaba debido al sudor que me empapaba completamente. Ese calor húmedo que me hacía estar pegajoso durante todo el día se unía al spray anti mosquitos al atardecer sino quería ser devorado por mosquitos y varios tipos de insectos muy interesados en mi sangre.

Desde el momento de nuestra llegada vi la separación que había entre los perros, diez arriba en casa, una sola en el piso de abajo y otros diez fuera de casa. Pensé que era algo temporal; durante la noche o cuando llovía estarían todos dentro repartidos en las dos plantas de la casa. Una vez más, me equivoqué.

La dueña, una de las mujeres más despistadas y caóticas que he visto en mi vida, tenía una clara predilección por cuatro de los perros de arriba, a los demás los toleraba. Los de abajo no disponían de nada. Ni camas, ni juguetes, ni caricias. Son como perros callejeros pero bien alimentados.

La segregación que había entre los perros podía conmigo. Mientras los de abajo no podían tener una simple manta para tumbarse en una de las tres casetas de perro que hay; los de arriba tenían telas, mantas y cojines repartidos por la casa para su comodidad durante el día. Por la noche los favoritos y alguno más dormían en la cama con de la dueña. A la hora de comer se repetía esa segregación. Los favoritos recibían arroz y pienso bueno aderezado con una lata de sardinas en tomate servido en cuencos de cerámica. Un par de afortunados arroz con pienso bueno en cacharros de plástico y el resto arroz con pienso normal en cacharros de plástico. Lo único extra que recibían algunos de los perros de abajo era una ducha (¿?) para volver a dejarlos fuera sobre la tierra y el barro.

El trabajo consistía en alimentar a los perros (nosotros los tratábamos a todos por igual), decoración, construcción o cualquier idea que tuviera pero el problema llegó cuando nada de lo que propuse le gustaba a la dueña que cambiaba de idea cada diez minutos. A veces me pedía algo durante un descanso y cuando retomaba el trabajo había cambiado de idea. Era imposible trabajar así. Estaba empeñada en que tiene un montón de materiales para utilizar aunque le expliqué varias veces que son sólo restos de madera y andamios llenos de clavos oxidados de cuando construyeron la casa y, además, la mayoría está podrida por estar un año tirada en el suelo expuesta al sol y las lluvias.

No te desanimes

No pienses mal sobre Workaway ni sobre los voluntariados. Aquí te cuento como han sido nuestras experiencias de Workaway en Malasia y Tailandia que desgraciadamente no han sido tan buenas como hubiéramos deseado.

Hemos tenido la mala suerte de encontrarnos con personas desorganizadas, sin un proyecto concreto o sin ideas de como desarrollar su negocio. En nuestras tres experiencias éramos nosotros los que teníamos que buscar algo que hacer porque nadie nos decía nada. Así acabé recogiendo las cagadas de las vacas en Langkawi, afilando cuchillos en George Town o amontonando toda la madera que podría servir para algo en Koh Phayam.

Hoy en día mucha gente escribe solo sobre lo bueno y lo bonito de viajar, de los anfitriones, de los voluntariados, de los cursos de cocina, de todo. No olvides que hacer un voluntariado es como un trabajo y no todos los jefes son buenos, organizados y coherentes. Seguramente ningún jefe lo es.

Estoy seguro que no siempre es como nuestra experiencia. Se por boca de amigos (me fío de ellos) que existen buenos voluntariados en los que aportas algo, en los que aprendes algo, en los que hay una meta y un plan para conseguirla organizando y repartiendo las tareas.

Por nuestra parte seguiremos insistiendo. Quizás no ahora pero en algún tiempo volveremos al voluntariado con la esperanza de encontrar uno de esos tan buenos de los que he oido hablar.

¿Y tú? ¿Has hecho algún voluntariado? ¿Cómo fue tu experiencia? Cuéntalo.


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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀
This Post Has 4 Comments
  1. Gracias por el artículo. Siempre es interesante leer de experiencias negativas también. Tengo un amiga que viaja usando Workaway y HelpX desde 2008 y la mayoría de sus experiencias fueron positivas (pasó mucho tiempo en el este de Europa y en Latinoamérica). Siempre he pensado en combinar Workaway con mis clases de idiomas pero tengo miedo de acabar en un lugar con una conexión de internet tan mala que no puedo trabajar.

    1. Gracias a ti por leernos. Nos gusta escribir nuestras experiencias, sean buenas o malas, ya que mucha gente solo cuenta lo bueno de viajar y no siempre es tan maravilloso.
      Entiendo perfectamente tu miedo con la conexión a Internet y lo comparto. Yo también soy profesor y muchas veces he pensado en seguir dando clases online durante el viaje pero muchas veces me resultaría imposible. Sin ir más lejos, mañana nos vamos una semana a las islas Togean (Indonesia) y allí no hay ni Internet ni cobertura de telefonía móvil.
      Espero que sigas nuestras aventuras y que las comentes.
      Un saludo.

  2. Hey guys, this was great to read! Thanks. I am looking to post as a ‘Host’ and look for some assistance with our massage/cooking school business here in Dawei. What things would you like to hear or know about if you were considering volunteering in Dawei?

    1. Hey Amber! So the project is on the go, we’re so happy for you!!

      As far as workaway is concerned, I think it’s really good if you know what you expect from the volunteers. From our point of view knowing what’s expected from us (what kind of jobs we’re supposed to do, in what timeframe, etc.) is one of the key points. Another issue would be the accommodation and food – what is included and what conditions?
      It’s also good to specify what kind of skills you’re looking for.

      I am sure you will be great hosts. Let us know when you’re available, who knows, maybe you’ll have us one day? 😀

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