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¿Por Qué Te Odio Filipinas?

¿Por qué te odio Filipinas?

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Si, has leído bien el título. No es que no me haya gustado Filipinas. Además de ser el que menos me ha gustado en estos tres años de viaje, puedo decir tranquilamente que lo odio. Por ejemplo odio su suciedad, su sobrevaloración, su comida, sus altos precios por una calidad baja y la falta de interés y simpatía de sus gentes.

Cuando llegamos a Puerto Princesa teníamos un anfitrión de Couchsurfing que, además de no estar en la ciudad, pretendía que promocionáramos su hostal (que por cierto no tiene), primera mala impresión. Empezamos con mal pie pero aún confiaba en encontrar algo bueno. Como en cada lugar hay cosas buenas y malas, hay personas buenas y malas; solo hay que encontrarlas.

Lo malo contra lo menos malo

Me considero una persona optimista y soy de los que buscan la parte positiva de todos los errores, las decepciones, los malos ratos o las malas experiencias. Así que seguí buscando, de verdad que lo hice y algo encontré. Más que cosas buenas, encontré como sobrellevar las malas. Encontré, de lo peor, lo menos malo.

Transporte

Los autobuses puntuales y con tarifas baratas aunque, a veces, son muy viejos son la parte buena cuando los comparas con los atestados jeepneys en los lugares turísticos que se negaron a llevarnos porque las mochilas (más pequeñas que algunos bultos que llevan los locales) ocupaban demasiado espacio. Otro medio de transporte son las furgonetas (van) que además de ser caras, los asientos son estrechos y el espacio para las piernas muy limitado.

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Comida

La gastronomía (si tienes un presupuesto ajustado) se compone casi en su totalidad de trozos de grasa adheridos a algún trozo de hueso y, si tienes suerte, un poco de carne. Los tiempos en que el país era parte del imperio español no dejaron mucha huella a parte de algunos nombres de platos (aunque en nada se parecen a los que puedas encontrar en España). Por el contrario la presencia americana dejó todo los fast-food y una predilección por las hamburguesas con mucha mayonesa.

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A veces pan, carne en lata y tomate era nuestra opción antes de la comida filipina

Lo que salva este apartado son los pescados y mariscos (si tienes un buen presupuesto) y el ron. Increíblemente el ron es más barato que la cerveza y, aunque el color muy anaranjado pueda asustar un poco, el sabor es muy, muy bueno.

Precios

Aparte de los autobuses (no las vans) y el ron, los precios son muy altos teniendo en cuenta la calidad. Si quieres saber más pincha aquí. 

Comunicación

Mucha gente habla inglés y, además, muchas palabras del español entraron es su idioma. Casi todo relacionado con números es entendible en español. Lo difícil es encontrar a alguien que quiera interactuar. Más del 90% de los filipinos con los que nos cruzamos no nos devolvían ni un simple saludo o una sonrisa.

Desgraciadamente llamamos a Filipinas el país anti-sonrisa.

Limpieza

No es muy diferente de los países del Sudeste Asiático. Caótico, ruidoso, suciedad por todas partes. Lo menos malo es que se pueden ver cubos de basura y cubos para reciclado. Aunque si te fijas un poco, verás que la mayoría tira todo al primer cubo que tiene a su alcance. Por algo se empieza: ya son conscientes de lo que es la basura y ahora están en la etapa de aprender a segregarla. Ya es mucho más de lo que hemos podido ver en otros países.

La playa principal del famoso El Nido

Atracciones turísticas

Nunca habíamos estado en un país tan sobrevalorado. Las pocas atracciones turísticas con las que nos atrevimos fueron grandes decepciones. Sus famosas playas están llenas como si fueran conciertos de rock o están sucias (o ambas cosas). Si haces alguna de las famosas excursiones por las pequeñas islas desde Port Barton o desde El Nido puedes encontrarte con otros cientos de turistas haciendo lo mismo y quizás tengas que hacer cola para llegar a la playa de arenas blancas o al punto de inmersión para hacer snorkel.

Su gente

Ya he escrito que no hay interacción con los filipinos. Puedo contar con los dedos de una mano (y me sobran) las personas con las que mantuvimos una conversación. La dueña y la madre de nuestro hostal en Port Barton que eran simpáticas, habladoras y con ganas de enseñarnos algo sobre la cultura filipina y la dueña del restaurante donde cenábamos a diario en Sagada. Tres en total.

Parece que los españoles dejamos nuestro estereotipo de herencia: la pereza. Normalmente tienes que pedir las cosas varias veces y quedarte delante de la persona para que se dé cuenta de que quieres que haga lo que has pedido ahora. Sea una llamada, reservar una scooter, que te traiga un rollo de papel higiénico o una toalla. Puedes olvidarte de conseguir alguna información sobre transporte (de dónde, a qué hora, cuánto cuesta, cuánto tarda..). No tengo claro si no tienen ni idea o simplemente no quieren decírselo a los turistas blancos.

Animales

Ya sé que la situación de los perros y gatos en muchos países asiáticos (y no asiáticos) deja mucho que desear. Las playas están repletas de perros en muy mal estado y en todas las perras que vimos (aunque fueran muy jóvenes) se podía apreciar que ya habían tenido varias camadas de cachorros. Para nuestro asombro en Sagada se veían unos cuantos afortunados con collar, bien alimentados y sin miedo a los humanos pero eran los que menos. Normalmente los puedes ver andando sin rumbo en busca de comida y caricias de los blancos. Sí, solo de los blancos. Más de una vez estando acariciando a alguno de ellos que se nos había acercado sin llamarle, se ponía a ladrar y a gruñir al ver pasar un “no blanco”. ¿Los perros son racistas?

Estando en Vigan, una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO donde los edificios de la época colonial que no han sido restaurados por hoteles caros, se caen literalmente a trozos; se pueden ver las condiciones en las que viven y trabajan los pequeños caballos que tiran de carros con hasta seis personas más el cochero. Y eso es lo más típico que hacer en la ciudad: hacer un recorrido, que te lleva menos de una hora a pie, a bordo de un carro tirado por un pobre animal al que cuidan lo justo para que pueda desempeñar su trabajo.

Resumiendo. De momento no tengo ningunas ganas de volver a Filipinas; quizás algún día supere la repulsión que siento ahora y me anime a visitar alguna otra de sus más de 7.000 islas. No entiendo porque la gente siente tanta atracción por este país cuando puedes encontrar tantos lugares fascinantes en el mismo Sudeste Asiático. Arquitectura colonial y mezcla de culturas y religiones en Malasia. Buceo, snorkel y playas en Indonesia. Amabilidad y sonrisas en Myanmar. Buena comida en cualquier país no sólo del Sudeste Asiático. India, China, Taiwán. Hay países para elegir y, en mi opinión, mucho mejores que Filipinas.

¿Y tú conoces Filipinas? ¿Cómo fue tu experiencia?


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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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