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Un Sueño Cumplido En Armenia

Un sueño cumplido en Armenia

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Esta vez no hubieron sonrisas en el control de pasaportes de Georgia, tampoco en el de Armenia pero, para compensar, desaparecieron las nubes y empezó a brillar el sol. En menos de cinco minutos teníamos nuestro primer auto-stop en tierras armenias, no tuvimos tiempo ni de sacar dinero del cajero pensando que podríamos sacar dinero o cambiar algunos dólares en el pueblo de Akhtala antes de subir los cinco kilómetros hasta el monasterio.

En poco tiempo y gracias a un par de coches, llegamos al pueblo prácticamente desierto que sobrevive gracias a la mina de cobre cercana. Como tenemos comida y nuestra idea es acampar allí emprendemos los casi cinco kilómetros (aunque nos parecieron quince), al llegar solo está el monasterio donde suponíamos que habría agua y una pequeña tienda cuya dueña tiene las llaves y, con una mezcla de alemán e inglés y después de preguntarnos varias veces por qué no tenemos dinero, nos abre las puertas del monasterio y nos explica que en toda la parte de arriba del pueblo no hay agua pero puede darnos una botella de su tienda. Pensamos como cocinar para dos personas con una pequeña botella de 33cl…. y como nuestra imaginación no daba para tanto decidimos bajar e intentar llegar lo más cerca posible del próximo monasterio que queríamos ver y hacer noche. Tuvimos que bajar bastante hasta que paró un Lada más viejo que yo, que nos llevó hasta la entrada del pueblo para conseguir nuestro siguiente transporte y antes de que los taxistas apostados allí como buitres nos ofrecieran sus servicios llegó un Opel y nos pusimos en marcha hacia Haghpat.

Sabíamos que el monasterio estaba unos kilómetros pueblo arriba pero cuando nuestro improvisado chófer entendió que queríamos subir hasta allí con nuestras mochilas nos dijo que nos llevaba hasta arriba aunque dijimos que no, que alguien nos llevaría hasta arriba, que podíamos acampar donde quisiéramos y subir mañana. Él tomó la decisión y se acabó la conversación. Afortunadamente para nosotros porque la subida en cuestión eran siete kilómetros en zigzag; incluso el motor del coche protestó varias veces por la inclinación pero llegamos todos enteros hasta las mismas puertas del monasterio.

No teníamos dinero armenio, ni agua, ni sitio donde dormir pero en lo alto del pueblo a unos ochocientos metros de altitud, rodeados de montañas de más de dos mil, con una temperatura de más de quince grados y delante de un monasterio del siglo X nos quedamos con cara de idiotas y con una sonrisa de oreja a oreja que no se nos borró hasta que nos dormimos aquel día. Decidimos esperar, buscar agua y acampar por la noche, sin que nadie nos viera, en los terrenos del monasterio.

Me fui a por agua y al volver me encontré a Kasia hablando con un hombre que resultó ser el encargado del mantenimiento desde hace más de diez años y al enterarse que íbamos a acampar en algún sitio cercano pero fuera del complejo (Kasia le mintió) le dijo a Kasia que era mejor acampar al lado de una de las paredes del monasterio para resguardarse del posible viento y del frio pero, por supuesto, dentro del complejo para que no nos ocurriera nada malo durante la noche. Luego Kasia le dijo que hacía años que yo soñaba con visitar Armenia, así que, con mucho orgullo, nos abrió las puertas de las capillas que estaban cerradas y nos explicó que estábamos viendo, que piedras estábamos pisando y lo que habían visto a lo largo de los siglos; también una pila para el agua sagrada (para los católicos que visitan el lugar) que había contruido y esculpido él mismo.

Prywatny tour

All our belongings at Haghpat-1

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a nasz namiot był osłonięty klasztornymi murami.

Haghpat-5

Haghpat-11

Con la tienda montada, cenados, con nuestra segunda taza de té y mirando a un cielo completamente despejado y repleto de estrellas; apareció, de nuevo, el encargado para asegurarse de que estábamos bien y para proponernos comida o café o té y pasar la noche en su casa. Desgraciadamente tuvimos que declinar todo y fuimos nosotros los que le propusimos una taza de té que también rechazó, creo que por la vergüenza que sentía de no habernos propuesto cena y alojamiento desde el principio. Nos dimos las buenas noches y nos fuimos a dormir. Por la mañana volvió para darnos los buenos días y para decirnos a que hora pasaba la marshrutka, nos hicimos una foto con él, le dimos las gracias y cuando entendió que no teníamos dinero para la marshrutka nos dió 400 drams que costaba el billete, agradecidos quisimos darle un dólar a cambio que rechazó varias veces hasta que lo aceptó con la condición de que fuera para la caja de donativos; por supuesto aceptamos, sabiendo al 100% que el dinero iría destinado a su amado monasterio.

La marshrutka nos dejó en la ciudad de Alaverdi, donde conseguimos dinero armenio y poco más, ya que es otra ciudad que vive de la mina cercana. Intentamos ir al monasterio cercano de Sanahin pero no había transporte público y los precios que nos daban los taxistas no me convencían porque te decían una cantidad y cuando hablabas con ellos resultaba que era sólo por la ida, entonces tenías que doblar el precio (ida y vuelta) y sumarle el tiempo que nos iba a esperar. Salimos del punto neurálgico de transportes para poder hablar a solas, sin nuestro potencial taxista revoloteando y hablando a nuestro alrededor. Hablamos, discutimos y volvimos. Sin hacer caso al taxista que se nos volvió a pegar, conseguimos billetes de autobús para ir a Vanadzor donde nos esperaba nuestra primera anfitriona en Armenia.


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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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