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Trekking Por Los Himalayas

Trekking por los Himalayas

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En Katmandú una tienda de ropa de montaña es, al mismo tiempo, una lavandería y una agencia de viajes que ofrece lo mismo que las otra mil tiendas que hay por el barrio de Thamel. A parte de la gestión de billetes de avión o autobús y las excursiones a las junglas de alguno de los carísimos parques nacionales sólo tienen tres trekking; alrededor del Annapurna (Annapurna Circuit); el campo base del Annapurna (Annapurna Sanctuary); y el campo base del Everest (Everest Base Camp o EBC).

Nosotros habíamos pensado en el Annapurna Circuit y, en lugar de buscar en Internet, nos fuimos a una de las agencias y nos hicimos pasar por clientes potenciales y conseguimos algunos datos sobre precios y horarios de transporte y nos enteramos de que más de la mitad del trekking se hace por una carretera que tienes que compartir con los cientos de camiones que circulan a todas horas; preguntamos por el EBC y recibimos un montón de información útil, le dimos el nombre de un hotel diferente al nuestro y salimos diciendo que nos lo pensaríamos… a veces somos malos. Nada más salir estábamos decididos por el EBC.

Hay tres opciones donde empezar el trekking. La primera, más rápida y más cara, es volar hasta Lukla en cuarenta minutos por 165 dólares (sólo ida) y desde allí son unos ocho o nueve días, dependiendo de la capacidad de aclimatación a la altura; la segunda es ir en jeep hasta Salieri que puede durar hasta veinte horas dependiendo del estado de las “carreteras” por unos 30 dólares y hasta Lukla son unos cuatro o cinco días; y la tercera, la más lenta y barata, un autobús local que en unas once o doce horas dejará los restos de tu maltratado cuerpo en Jiri o Shivalaya y desde allí andar cruzando montañas arriba y abajo durante ocho o nueve días hasta Lukla.

Nosotros nos decidimos por el camino más largo ya que teníamos tiempo y para eso habíamos ido a Nepal. Fuimos en una lata con ruedas con unos asientos en los que no cabíamos durante once horas dando botes y aguantando el olor a vómito ya que a la hora de salir un par de niños nos obsequiaron con su desayuno y, por supuesto, en este país no se limpia nada.

Fueron nueve días duros atravesando montañas; caminar rodeados de bosques de rododendros que empezaban a florecer y las vistas cuando empezaron a asomar los primeros picos nevados hicieron que mereciera la pena. Durante esos días seríamos menos de diez extranjeros los que íbamos cruzándonos en los pueblos o durante los momentos de descanso hasta que pasamos la ciudad de Lukla; entonces empezaron los interminables grupos de turistas de todo tipo (algunos en chanclas o con bolsos) con sus porteadores.

Poco después mi rodilla dijo “basta” y nos quedamos en el primer hostal que vimos con la esperanza de que al día siguiente estuviera mejor pero cuando, a mitad de la noche, me despertó el dolor de la rodilla supe que todo había terminado para mí. Por la mañana tardé dos horas en llegar hasta Lukla con lágrimas en los ojos aún no sé si del dolor por cada paso que daba o de rabia de que todo se terminara de ese modo. Pagamos el abusivo billete de avión y volvimos a nuestra odiada Katmandú.

Hoy en día pienso que tuvimos suerte de terminar allí y no mucho más adelante en el trekking después de haber compartido el camino con todo ese tumulto de gente pero, al mismo tiempo, me molesta que muchos de esos turistas en chanclas llegaran al EBC y nosotros no.

Algunos consejos prácticos

  • Hay muchos alojamientos, en cada “pueblo” tienes varios lodges, debes regatear un poco y, a veces, es fácil conseguir la habitación gratis ya que ellos viven de lo que te tocará pagar por la comida y/o cena; un plato no te baja de las 300 rupias (llegando al EBC hemos oído que llegan a pedir hasta 1000); si quieres que te preparen el desayuno, debes pedir la noche anterior lo que quieres y a que hora porque, en caso contrario, esperarás una hora por un simple café y unas tortitas.
  • Hay agua limpia por todas partes, al fin y al cabo estamos en la montaña, pero siempre es mejor llevar pastillas para potabilizar ya que contienen otras “sustancias” a las que no estamos acostumbrados.
  • Compra una buena provisión de chocolatinas o barritas energéticas y frutos secos, es algo que siempre te ayuda con un poco de energía extra o un simple capricho después de la cena. Todo esto lo puedes comprar en Thamel pero si sales de la zona turística hay un par de supermercados donde podrás comprar bastante más barato; un poco más allá de la Embajada de la India está uno de ellos.
  • Y lo más importante: echa cuentas y saca el dinero que necesites porque la infraestructura es inexistente hasta Lukla y más adelante es bastante escasa o algunas veces el cajero está fuera de servicio o agotado.
  • Nosotros nos acostumbramos en nuestros días de ciclistas a preparar en una botella (de cuello ancho) una mezcla a base de avena, cacao, miel o azúcar y frutos secos; a todo esto le añades agua por la noche y al día siguiente tienes desayuno y comida hasta el mediodía. Dependiendo de la cantidad de agua añadida puede ser bastante líquido o más parecido a un moco (así lo llamo yo), no es una explosión de sabor pero es muy energético y comiendo un poco cada dos horas puedes pasar todo el día. También puedes poner leche en polvo pero entonces recuerda que tendrás que limpiar la botella muy bien a diario porque al cabo de dos días los restos de la leche se agriarán produciendo los correspondientes efectos en tu estómago.
  • Si quieres hacer la ruta larga, hoy en día hay autobús hasta Bandar (a dos días de Jiri y uno de Shivalaya), no se trata de ahorrar tiempo sino dinero. El gobierno nepalí ha trazado los límites de uno de los parques nacionales de tal forma que el camino del trekking pasa durante unas cuatro horas por el parque y los guardias están apostados a la salida de Shivalaya para exigir el pago de los veinte dólares por persona que cuesta la entrada. Sin embargo si llegas hasta Bandar en autobús, nadie comprueba si has pagado o no.
  • Ve sin prisas, disfruta del camino, admira las vistas, sientate a mojarte los pies en los rios y si llegas a un pueblo que te gusta, quédate a pasar el día; estás de vacaciones y hay que evitar el estress, los nervios y las prisas.

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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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