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Tayikistán: Recorriendo Wakhan (2) Zong. Una Casa Típica

Tayikistán: recorriendo Wakhan (2) Zong. Una casa típica

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Lo mejor de los viajes es lo impredecible, lo inesperado. Levantarse por la mañana sin saber que te espera. Intentar llegar a algún lugar sin saber si llegarás. ¿Dónde te llevará el camino? ¿Qué o quién se cruzará en tu vida? Lanzarse a lo desconocido a diario.  

Nos levantamos tarde. Desayunamos sin prisas. Nos despedimos de Pashambe y su familia tranquilamente. Les damos unos cuantos ibuprofenos que llevamos ya que la farmacia más cercana está en Vrang, a más de una hora en coche. No tenemos prisas porque vamos a Zong, una pequeña aldea a menos de ocho kilómetros. ¿Por qué vamos a Zong? Pues simplemente porque nadie va allí en su recorrido por el Corredor de Wakhan. No hay nada que ver allí… no estamos de acuerdo. 

Descubriendo Zong

Después de rechazar varias invitaciones para tomar té, llegamos a Zong. Nos acercamos a un guesthouse pero no hay nadie. La vecina de al lado nos dice que se han ido a Dusambé y que no volverán hoy. Hablamos entre nosotros y le preguntamos si podemos quedarnos en su casa. Dice que sí, convenimos un precio y asunto resuelto. Nos sirven té y nos dejan a solas en la estancia que hace de salón que será nuestro dormitorio. Un poco desilusionados por la falta de interacción salimos a descubrir Zong. Desde la carretera no parece gran cosa porque la mayor parte de la aldea está escondida entre los árboles en las faldas de la montaña.

Subimos por callecitas sin ningún destino. Cada calle, cada sendero es como una ventana a otra vida. Nos saludan y saludamos. ¿De dónde somos? ¿Qué hacemos allí? ¿Estáis solos? ¿Perdidos? ¿Dónde está vuestro conductor? ¿Té? Pasar a casa… Lo oímos una y otra vez hasta que aceptamos una de las invitaciones. Vemos un grupo de tres hombres charlando y al pasar al lado nos saludan. Un de ellos hace el gesto de acercarse una taza a los labios y que le sigamos a su casa. Vamos allá. – Nos decimos. – Para eso estamos aquí.

Zong

Zong

Para conocer con más detalle la increíble experiencia que tuvimos en esa casa, tendrás que esperar al siguiente post… A continuación te explicaré cómo es una casa típica en el Corredor Wakhan, su simbología, sus tradiciones y sus características.

Una casa típica en Wakhan

Donde quiera que mires en Wakhan, verás edificaciones blancas a menudo ocultas entre los árboles. Son casas típicas de Wakhan. Un cubo plano y bajo, de una sola planta y sin nada distintivo desde el exterior. Parece de lo más simple y discreto pero, en su interior, es extremadamente práctico y lleno de simbolismo tradicional.

Zong

La casa wakhi tradicionalmente se construía sobre un plano cuadrado y, aparte de un pequeño tragaluz en el techo, no tenía ventana alguna. Esto permitía un mejor aislamiento del frío invierno y del abrasador verano. Sin embargo ahora todas las casas tienen ventanas enmarcadas en madera y, a veces incluso, pintadas de vivos colores.

El tragaluz, hoy en día cubierto de cristal y por la noche con una capa especial similar a la utilizada en las yurtas en Kirguistán sigue siendo un elemento clave. Durante el invierno es el escape del humo de la cocina (que también sirve para calentar la estancia) y en verano para ventilar y para dejar entrar algo de luz natural. El tragaluz está rodeado por cuatro marcos cuadrados que se superponen formando una especia de roseta. Simbolizan los cuatro elementos: agua, aire, fuego y sol.

La casa que visitamos, y donde pasamos un tiempo que no olvidaremos en toda nuestra vida, constaba de tres estancias. Un pequeño “vestíbulo” donde descalzarse sirve de aislamiento del frío invierno para las otras dos estancias. A mano izquierda está la cocina. Una estufa pequeña y simple en la que se cocina con estiércol de vaca, un quemador con una bombona de gas, un pequeño aparador, algunos cubos con los que traen el agua que necesitan, una pequeña mesa baja y un par de taburetes tan bajos como la mesita. A la derecha, la sala principal, la parte más importante de la casa. Una habitación espaciosa con el tragaluz tradicional. Lo que llama la atención es la división de la sala, más bien los pilares que sostienen el techo y al mismo tiempo organizan los diferentes espacios. Siempre hay cinco pilares porque cada uno de ellos simboliza algo… o más bien a alguien: el principal simboliza a Mahoma y los demás son su hija Fátima, su yerno Alí y sus hijos (nietos de Mahoma) Hasan y Hussein. El pilar que simboliza al profeta siempre está decorado con una fotografía de Aga Khan del que ya escribí aquí.

En la sala principal es donde transcurre la vida cotidiana. Sorprendentemente está casi desprovista de muebles. Todo se hace en el suelo o sobre plataformas de madera. Los espacios están separados entre si por los pilares y algunos armarios. De esta forma se designan los espacios para comer y los personales para dormir. Pegados a una de las paredes y en perfecto orden hay una gran cantidad colchones, mantas y almohadas. Los inviernos son muy fríos y las camas son una colección de delgados colchones apilados uno encima de otro (para aislar lo máximo posible) cubiertos con una sábana y unas cuantas mantas de lana. En una de las esquinas hay una especie de aparados en el que ollas, platos, cuencos y cubiertos se guardan como si estuvieran expuestos.

Para comer se sientan en el suelo de una de las plataformas que delimitan los espacios sobre esos delgados colchones dispuestos alrededor de una baja y pequeña mesa cubierta con un mantel especialmente para los invitados. En verano la comida se prepara en una cocina ubicada fuera (como en casa de Pashambe) o en una habitación separada (como en esta casa); en invierno se cocina directamente en la cocina/estufa debajo del tragaluz.

Las casas se construyen con lo que hay disponible en la región, principalmente arcilla y piedras. Las paredes suelen estar encaladas y los techos son planos con muy poca inclinación ya que en primavera y verano suelen usarse como “salas” de secado para el estiércol que usarán de combustible cuando llegue el frío.  

Raim, el hombre que nos invitó a su casa nos explicó que su hogar es simple y tradicional. Fue construido por su abuelo hace 52 años. Fue en esta misma casa donde el nació. Aparte de la electricidad, no hay servicios y comodidades modernas. El agua viene de los ríos o del deshielo y se trae en cubos y garrafas. 

Aunque hoy en día pueden verse casas más grandes con cocinas de gas, un dormitorio adicional o incluso un cuarto de baño con ducha, el elemento principal de las casas en Wakhan siempre será la gran estancia con su tragaluz y sus cinco columnas. Las tradiciones son fuertes en el Corredor de Wakhan. 

No te pierdas el siguiente post… te aseguro que te gustará.

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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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