Trekking De Hsipaw A Pankam

Trekking de Hsipaw a Pankam

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Caminamos y frente a nosotros empiezan a aparecer “soldados” con fusiles cruzados a la espalda y largos troncos de bambú sobre el hombro. Estamos un poco preocupados por lo que nos puedan decir. Estamos en una zona en conflicto donde, según las agencias de los guest houses y hoteles, hay guerra y los extranjeros tenemos prohibida la entrada sin ir acompañados de un guía. Nos quedamos con caras de idiotas ante los saludos y las sonrisas que nos brindan cada uno de los soldados que nos cruzamos. Más tarde, al cruzarnos con otro soldado le preguntamos si podemos hacerle una foto y adivina la respuesta…

Trekking de Hsipaw a Pankam

Trekking de Hsipaw a Pankam. Zona de guerra

Hay guerra y es peligroso ir sin un guía. Eso nos dijeron en el guest house. Sabíamos por otros viajeros que el trekking se puede hacer por tu cuenta, sin problemas y sin perderse. Para mí, si hay guerra, sería necesario un par de escoltas armados y no un simple guía para que te lleve por la carretera de pueblo en pueblo. Sí, por una carretera. El famosos trekking de Hsipaw a Pankam no es más que seguir una carretera de tierra y piedras por la que circulan las motos y algún pequeño “camión” de transporte de suministros a diferentes pueblos.

La ida son cinco horas de subida (sí, hay que subir un poco) y la vuelta no te llevará más de tres horas. El camino no es muy bonito. No te va a dejar con la boca abierta. Cae un sol abrasador y casi todos los paisajes están compuestos por colinas y campos talados y, en su mayoría, quemados.

Trekking de Hsipaw a Pankam

Campos quemados…

Trekking de Hsipaw a Pankam

Pero afortunadamente no todos

No me interpretes mal, llegar al pueblo y hospedarse en una casa familiar merece la pena. Es un lugar tranquilo, de vida sencilla, buena comida casera y niños amigables.

No te quiero engañar, sí que hay conflictos en la zona. Las etnias Shan y P´lao “luchan” entre ellas por el derecho de las tierras, ya que ambas etnias se consideran dueñas del territorio por diferentes motivos. Precisamente por esto y considerando lo bienvenido que se siente uno en Myanmar, no creo que ningún turista que visite esta zona esté en peligro o que pueda sentirse amenazado por los “combatientes”.

Pankam

Pankam no es un pueblo. Es una pequeña aldea compuesta de casas construidas en madera y fibras de bambú entretejidas. No hay calles rectas ni nada que se le parezca. No hay restaurantes pero si un par de tiendas con los productos básicos que no les da la tierra que cultivan ni los animales que crían. No hay agua corriente excepto un grifo comunitario donde sus habitantes llenan cubos y garrafas. No hay electricidad salvo al anochecer que encienden algunas bombillas gracias a placas solares o generadores. No vas allí a estar pegado al teléfono porque la mayoría de las compañías de telefonía no tienen cobertura. Por supuesto puedes olvidarte de Internet.

Trekking de Hsipaw a Pankam

El pueblo de Pankam

Al llegar te encontrarás caminos de tierra y piedras (igual que en el trekking) y casas sobre pilares dispersas por cualquier lado. Podrás quedarte en un guest house a la entrada del pueblo junto con el resto de turistas y sus guías o preguntar (tarea nada fácil porque nadie habla inglés) por la famosa Elo.

Nosotros nos fuimos directos en su búsqueda y la encontramos. Elo es una mujer joven que empezó hospedando en su casa a los pocos blancos que llegaban al lugar y, aunque el guest house le ha quitado un poco del protagonismo, sigue haciéndolo. Incluso cuando el guest house está lleno, las excursiones organizadas acuden a su casa.

Trekking de Hsipaw a Pankam

Elo prepara la cena

Casi como en casa

Hospedarte con Elo no tiene nada que ver con un guest house. Aún pagando 10.000 kyats por persona (menos de 7 euros) por alojamiento, comida, cena y desayuno; es como estar invitado a una casa. Además de Elo allí viven sus hijas pequeñas, su madre y su abuela (los hombres trabajan en Hsipaw).

No esperes grandes comodidades. El cuarto de baño está en el patio y la ducha, a base de cazos de agua que hay que llenar del barril de agua de al lado, es al aire libre. Las camas del dormitorio común son colchones sobre el suelo. Como lujo en cada “cama” hay un cojín, mantas y mosquitera. Por mal que suene, se duerme muy bien y más considerando la caminata de cinco horas bajo el sol que te habrás hecho para llegar.

¿Y qué hago allí? – te preguntarás. Pasear por el pueblo durante el día te llevará unos pocos minutos. No hay mucho para ver. Sus habitantes estarán trabajando en los campos o resguardados del sol en sus casas. La mejor opción es hacer lo mismo que ellos: quedarte en casa y ver como transcurre la vida. Los niños juegan, las mujeres cocinan y la abuela fuma puros.

Al atardecer la aldea vuelve a la vida. Los trabajadores vuelven de los campos y los niños salen a las “calles” a jugar. Te perseguirán sonrientes saludando y pidiendo fotos sin pedir nada a cambio; salvo que les des la mano. Aún no ha llegado el turismo masivo y están muy interesados en los pocos turistas que llegan a su pequeña aldea.

Comida abundante y casera

Después de la comida que consistió en arroz blanco, diferentes platos de verduras cocinadas y condimentadas, una especie de ensalada picante y té verde (todo en grandes cantidades) esperábamos ansiosos la hora de la cena. Kasia, por supuesto, se fue a “espiar” como cocinaban las mujeres y me adelantó el menú de la cena. De nuevo arroz blanco, sopa y tres platos más de verduras (diferentes a las de la comida) recogidas de su propio huerto con ensalada picante y té verde.

Trekking de Hsipaw a Pankam

La abuela prepara la cena

Antes de la cena la abuela empezó a servirnos cacahuetes tostados aún con la cáscara. No fue nada fácil resistir la tentación de seguir comiendo plato tras plato de cacahuetes. Eran buenísimos y, como con las pipas, cuando empiezas es imposible parar pero teníamos que tener hueco para la cena.

Para desayunar por la mañana nos esperaba la misma cantidad y variedad de comida. Si te gusta probar nuevos sabores, te aconsejo venir a Pankam. Aunque sea sólo por la comida, merece la pena venir hasta aquí.


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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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