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Coronavirus: Kasia Y Víctor Por El Mundo En Casa

Coronavirus: Kasia y Víctor por el mundo en casa

Hola lector asiduo, no hemos escrito nada de nada porque está situación nos tiene abrumados. Como sabes, hace una semana empezábamos el Camino de Santiago. En ese momento lo que se cernía sobre nosotros, España, Europa, todo el mundo; no se podía ver (o quizás no queríamos verlo). Empezamos el Camino y lo seguimos durante dos días hasta detenernos, racionalizar y actuar rápidamente. Nos fuimos a Santiago de Compostela y al día siguiente a Barcelona… y aquí estamos ¿por cuánto tiempo? No tenemos ni idea. 

Inicialmente pensamos en regresar a Polonia, estábamos en contacto con la familia que ya sabían cómo habilitar una parte separada de la casa especialmente para que nosotros pasáramos la cuarentena (más vale prevenir). Buscamos vuelos y comprobamos cada opción que se nos ocurrió. Después de un gran diluvio de ideas, llegamos a la conclusión de que lo mejor era no moverse de donde estamos. Tenemos miedo al vuelo de regreso. Tenemos miedo a un espacio cerrado en compañía de otras personas. Tenemos miedo a la realidad de que cada una de esas personas puede ser una fuente de contagio. Tenemos miedo de llevarnos esa enfermedad a casa.

Con horror y desprecio por la falta de conciencia vemos desde el balcón a familias con niños paseando tranquilamente por la calle. ¿Qué piensa (si es que lo hace) esa gente? El virus está ahí mismo, aunque no podamos verlo, al acecho, esperando un descuido por nuestra parte para invadirnos. No somos unos paranoicos, pero seguimos las normas que el Gobierno requiere de nosotros. Nos quedamos en casa. Salimos solo cuando es absolutamente necesario. Ayer salí al supermercado, con guantes de látex y la cara tapada, guardando en todo momento las distancias con todo y todos. Al volver, Kasia me esperaba enguantada y con una palangana llena de agua con lejía para desinfectar cada producto que compré. Yo dejé el carro en la puerta, me quité los guantes y fui directo a lavarme las manos y la cara (lavé incluso la tarjeta con la que había pagado ya que lo hice con los guantes puestos). Todo nos llevó unos cuantos minutos y nos dio una mayor sensación de seguridad.

No estamos solos. En estos momentos vivimos en casa de una buena amiga y juntos tenemos que cuidarnos, lo que en esta situación significa no exponernos a riesgos innecesarios. Al contrario de lo que dicen en algunos medios de “información”, creemos que todos estamos en peligro, aunque no formemos parte de los grupos de alto riesgo.

Paradójicamente estamos agradecidos con lo que el destino nos ha deparado, tenemos donde quedarnos, tenemos a la familia en al que podemos confiar ciegamente, tenemos amigos dispuestos a ayudarnos. Elena, con quien vivimos actualmente, nos ofreció su hogar a pesar de que está acostumbrada a vivir sola; ahora (y por tiempo indefinido) los tres compartimos su piso. Como siempre tenemos mucha suerte y comprobamos que la gente es buena. Elena nos dice que lo bueno atrae a lo bueno 😀 

Hasta hoy no habíamos podido movilizarnos para trabajar. El blog lo habíamos dejado en barbecho. Sólo observábamos lo que sucedía a nuestro alrededor, seguíamos las noticias de España y Polonia tratando de no perder la cabeza porque en estos días son necesarios los filtros, las cribas. Disgustados leíamos comentarios y publicaciones de los omnipresentes haters que sabían antes que nadie como se desarrollaría todo antes que nadie y que no aportan nada excepto toxicidad. Buscábamos en los medios contenido real e inteligente. Compartíamos lo verdaderamente real e importante. Revisamos algunos medios de información españoles y ocasionalmente encendemos la televisión, pero casi siempre para ver documentales de animales en La 2. 

No sé si estás al corriente, pero cada día en España se celebra un agradecimiento no solo al personal médico sino a todas las personas que hacen posible que haya comida en las lejas de los supermercados, a los basureros, a los conductores del transporte público básico y necesario para que nuestras ciudades puedan seguir en funcionamiento durante estos días de crisis. Desde el sábado que llegamos, cada día a las 20:00 la gente sale a ventanas y balcones para aplaudir durante un minuto. Es un momento solidario que nos une a todos para sobrellevar toda esta situación y levanta los ánimos a todos aquellos que permanecen al pie del cañón expuestos al contagio a diario. Pero necesitamos más. Esa solidaridad no es suficiente. Algunas personas siguen saliendo a la calle como si nada ocurriera a pesar de que pueden ser multados. Ayer en el supermercado vi una familia con tres hijos haciendo las compras como un día normal. No hay colegio, no hay trabajo = vacaciones para hacer lo que me apetezca… ¡Insensatos!

Ni siquiera pensamos en lo que sucederá en una o dos semanas. No tenemos ni idea. Preferimos no asumir, no teorizar, no planificar. Tratamos de comer bien, tenemos interesantes conversaciones, jugamos a rummikuba (nos enseñó Elena hace uno días y estamos enganchadísimos), leemos, tenemos mucho que escribir y una extensa biblioteca de libros, películas y series que habíamos preparado para llevarnos a Islandia. ¿Qué pasa con nuestro trabajo en Islandia? Quien sabe…

Seguiremos en contacto. De momento, aguanta y ¡QUÉDATE EN CASA!


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Kasia

Cocinera, panadera y repostera por pasión. Amante de todos los gatos y los perros. Abierta, habladora y a veces hiperactiva. Graduada en Filología hispánica y doctorada en Sociología. Muy organizada, probablemente, gracias a la manía de ponerlo todo por escrito en miles de listas, de acuerdo con la máxima „lo que está en papel, no está en la cabeza”. Rápidamente se pone de mal humor cuando tiene hambre 😉

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