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En Tren Por Bucovina

En tren por Bucovina

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Nuestra ruta planeada por Ucrania no tiene nada que ver con lo que hemos hecho. Kasia no aguanta el frío durante día y noche. Los días tan cortos tampoco ayudan, son muy duros porque tenemos que acampar a las cuatro de la tarde y pasar frío hasta que nos metemos en los sacos. Decidimos recorrer el pequeño trozo que nos separa de Rumanía en trenes de cercanías para, por lo menos, estar en contacto con la gente de a pie.

Mucha gente estaba preocupada por la guerra y nuestro paso por el país pero no hay ningún problema por el oeste aunque sigue siendo un país en guerra. Probablemente la gran mayoría ha perdido a algún conocido en el este del país por los enfrentamientos.

Desde la frontera

A unos cientos de metros por una carretera llena de agujeros, gente y coches por todas partes y sin señalizaciones de ninguna clase se encuentra la estación de cercanías. El billete nos cuesta 14 grivnas por persona (1€ son 26 grivnas) pero pasa dentro de una hora, así que nos sentamos en el suelo al lado de un hombre y empezamos a hablar con él que resulta ser un ucraniano con raíces polacas. El señor Marian vive en Lviv pero tiene una tarjeta polaca que le permite cruzar la frontera para comprar y vender lo que pueda para ganarse la vida. Hoy, concretamente, lleva cuatro llantas de coche que pesan unos 25 kilos cada una, en un carrito y en una bicicleta que compró en un desguace en Polonia por unos 8 euros. Hablamos de la situación económica y política del país, de la guerra, de la vida en la frontera. Se muestra pesimista con la situación del país y no augura nada mejor para el futuro. Por otro lado se muestra muy interesado en nuestras bicis y nos recomienda una tienda en Lviv por si necesitamos piezas de recambio. Apuntamos la dirección y le damos las gracias. Nos despedimos de él en la estación y va a encontrase con el comprador. En todas las fronteras del mundo la gente se dedica al tráfico legal o ilegal para ganarse la vida.

Lviv

Nuestra segunda acogida a través de Warmshowers es en casa de Diana, una húngara que está preparando su doctorado en antropología sobre el patrimonio cultural de esta zona de Ucrania. Nos habla de algunas personas que se vieron obligadas a huir de la cuenca Donéts. Muchas familias separadas porque los jóvenes se sienten ucranianos y los padres y abuelos, rusos.

Nos gusta tanto la ciudad que decidimos quedarnos cuatro días para perdernos por las calles del casco antiguo y tomar café en las miles de cafeterías que hay en las calles. La cultura cafetera en la ciudad es impresionante. Más tarde descubrimos que es así en otras ciudades de casi todo el país.

El segundo día estando parados en la calle con las bicis se nos acercó una pareja que también son ciclistas. Irina y Andrei acaban de volver de Turquía y quedamos con ellos para cenar y tomar unas cervezas. Desgraciadamente Andrei tiene que currar y solo viene Irina; periodista, alpinista y guía turística en diversos países europeos. Nos da muchos consejos sobre Turquía, hablamos de la vida en Ucrania y, con lágrimas en los ojos, de la guerra. Nos cuenta que Andrei luchó durante seis meses y que conoce a muchas personas en la misma situación.

No es fácil viajar en trenes que no están preparados para llevar bicis y menos aún en nuestro caso que llevamos cuatro alforjas, un petate que son unos 30 kilos para cada uno pero no queríamos desmontar y empaquetar las bicicletas para coger un tren directo. Así que decidimos seguir cogiendo trenes de cercanías y pasar por Ivano-Frankivsk donde hemos encontrado una persona de Warmshowers que está dispuesta a acogernos y enseñarnos la ciudad que hace años fue polaca y, de hecho, parte de la familia del padre de Kasia viene de alli. Todo perfecto hasta que el segundo tren que tiene que dejarnos en Ivano-Frankivsk a las dos de la tarde es anulado y el siguiente sale en seis horas; al final llegamos a las ocho de la noche, agotados de esperar todo el día con frío, y allí está nuestro anfitrión, Leonid, esperándonos en la estación para llevarnos a su casa. Al entrar nos pregunta si queremos primero una sauna para entrar en calor después de todo el día pasando frío. Decidimos que con cena, ducha, conversación y cama tenemos suficiente. Hablamos con él y con su mujer, Tania, hasta bien entrada la noche. Son ucranianos con raíces rusas, él es agente inmobiliario y ella no trabaja ya que cuidaba de sus dos hijas: la mayor ya estudia en la universidad en Kiev.

Quedamos en levantarnos temprano para que nos enseñe un poco la ciudad antes de coger el siguiente tren. Nos compra los billetes por intenet, nos acompaña a la estación, nos ayuda sobornar a la mujer encargada del vagón y a subir las cosas al tren. Nos despedimos rápidamente desde el tren y volvemos a dejar atrás a unos completos desconocidos (como Andrzej y su madre en Polonia o Diana en Lviv) que nos han abiero las puertas de su casa para cuidar de nosotros por un tiempo sin esperar nada a cambio, sólo por el placer de ayudar y conocer gente para compartir historias.


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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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