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Rangún. Primera Impresión De Birmania

Rangún. Primera impresión de Birmania

Welcome to Myanmar. Ya estamos otra vez. Nuevo país, nuevo idioma, nuevas costumbres, cultura, formas de vestir, gastronomía, conflictos… No, no nos gusta complicarnos la existencia. Nos encanta. Nos encanta esa diversidad que tenemos en el mundo. Nos encanta exprimirnos la neurona al máximo para hacernos entender y comprender lo que nos rodea. Pasear por las caóticas y sucias calles y perderse. Comer con ellos, en la calle. Probarlo todo, a su manera. Sin prejuicios. Conocer todo lo posible y a todas las personas posibles.

No hay nada mejor que reírse sin idioma. La sonrisa es universal.

Si eso es lo que buscas, tu lugar es Myanmar.

Mingalaba. Primeras sonrisas

Veo hombres con falda que me sonríen. No le doy importancia ni me abrazo apasionadamente a Kasia. Estamos en Myanmar y, al igual que en Kerala, los hombres visten unas faldas largas hasta los tobillos llamadas longyi

Lo único que oigo es mingalaba (hola en su idioma) y veo sonrisas donde quiera que mire. Una hora y media para pasar el control de pasaportes y los policías sonrientes: ¡Mingalaba! A cada paso que damos me encuentro a gente que, con una sonrisa en los labios, me dice: ¡Mingalaba! Al momento miran a Kasia… sonrisa y ¡Mingalaba!

Vamos a cambiar dinero, hemos oído mil historias que dicen que los dólares tienen que estar en perfecto estado, como recién imprimidos. El hombre examina el billete con sumo cuidado en busca de alguna doblez o marca de algún tipo (incluidas las marcas de otras casas de cambio). Se concentra tanto en su labor que parece estar fabricando microchips, cada vez que levanta la vista del billete nos deleita con una amplia sonrisa. Hasta las hordas de taxistas que esperan a la salida, sonríen cuando rechazamos sus servicios.

Un par de horas en Myanmar y ya sé que este país me va a gustar aunque sólo sea por sus gentes.     

Rangún. Primera parada

Los veinte kilómetros que separan el aeropuerto del centro son un atasco de coches y motos que circulan como si sólo ellos existieran y nos llevó más de una hora llegar a la Pagoda Sule, el centro neurálgico de Rangún.

Rangún

Las avenidas que llegan hasta allí son una amasijo de vehículos ruidosos por la calzada y cientos de personas andando por los huecos que hay entre los miles de puestos y tiendas que hay en las aceras. Hay de todo tipo. Desde tiendas de teléfonos móviles y puestos de fruta y verdura hasta ferreterías. Aquí todos venden lo que pueden pero ¿qué pasa con los que no tienen una tienda o un puesto para vender su género? Se las ingenian como pueden: Un simple plástico en mitad de la congestionada acera y ya pueden vender cargadores, pilas, tener su propio taller de relojería o una bascula para pesar a la gente que “pasea” por la calle.

Rangún

Rangún

Rangún

Caos, ruido, olor a fermentación, calor, demasiada gente. Pues me fascinó. Andar esquivando todo y a todos. Observando como regatean para comprar, como huelen y tocan para elegir las mejores frutas, como pasan el tiempo sentados en un “tea house” fumando y hablando. Mirando a los adictos alrededor de un puesto que prepara nuez de betel para mascar.

Para terminar de disfrutar de todo esto hay que comer con ellos en los puestos que hay dispersos por las aceras. Es como un buffet libre. Tienen varias bandejas expuestas con diferentes platos. Elijes a dedo los que más bonitos te parezcan o menos repugnantes (algunos parecen un revuelto de vómito) y te los sirven en pequeños platitos junto con plato gigante de arroz. Vas mezclando un poco de lo que has elegido (pollo, cerdo, pescado, diferentes verduras o vómitos) y te lo comes.

Te recomiendo que preguntes por “mango salad”. Una ensalada de mango con cebolla y alguna salsa tipo “vómito” que está deliciosa. La mujer que nos sirvió la comida nos rellenó el platito al ver nuestras caras y como devorábamos la ensalada.

Atardecer. Hora punta

Después del calor, decidimos ir a ver el atardecer. En un mapa vimos un “sunset view point” en el paseo que bordea el río. Al llegar nos encontramos con un camino de tierra lleno de cientos de personas cargando y descargando botes y barcos, puestos de comida y jugando al fútbol. Apenas podíamos andar y nos sentamos en una de las escalinatas que bajaban hasta el sucio río a esperar la puesta de sol mientras observábamos a cientos de personas que subían a los botes para cruzar al otro lado.

Rangún

Rangún

En pocos minutos se sentó un chico a mi lado y nos pusimos a hablar (él quería practicar su inglés y yo tenía muchas preguntas). Me contó que gran parte de la ciudad trabaja a este lado del río y vive en el otro y los autobuses van tan llenos y dan un rodeo tan grande para cruzar por uno de los puentes que es más práctico y rápido cruzar en uno de los botes que se dedican únicamente a prestar ese servicio. También me dijo que uno de sus sueños es ir a España para asistir a un partido del Barcelona.

Pasamos más de dos horas viendo ese gran éxodo con las luces del atardecer. Miles de personas, mujeres cargadas con cestas sobre sus cabezas, hombres con su longyi y su maletín de piel, colegiales; parecía que media ciudad pasaba por allí en ese par de horas.

Rangún

Los hombres que cargan y descargan los barcos descansaban tumbados por cualquier lado hasta la llegada de otro barco. Cada vez que pasábamos cerca de ellos nos saludaban con un mingalaba y nos mostraban sus sonrisas rojas de mascar nuez de betel.

Esa zona no es precisamente un lugar turístico. Allí no hay pagodas ni restaurantes ni vistas a un río limpio de aguas azules. Allí ves a la gente en su ir y venir de su vida cotidiana. La gente te saluda, te sonríe, te señala, te hace fotos porque, para ellos, tú eres la atracción.

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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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