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Pamir Highway (1) Autostop A Alichur

Pamir Highway (1) Autostop a Alichur

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Unos dicen que es imposible porque no hay casi vehículos. Otros, en cambio, lo aconsejan porque por esa falta de vehículos, los que hay siempre están dispuestos a llevar a otros. Recorrer Pamir Highway por tu cuenta es posible, haciendo autostop y/o en taxis compartidos. Al fin y al cabo muy pocos habitantes de Pamir tienen su propio medio de transporte y ellos se mueven de un pueblo a otro constantemente. Solo hay que armarse de paciencia y saber que el viaje no será cómodo pero no se viene a Pamir por la comodidad sino por sus paisajes, sus gentes y su cultura. Nosotros quisimos comprobarlo haciendo autostop a Alichur.

Salir de Khorog

Nos preparamos temprano sabiendo que será un día largo. Esta vez no será como en Wakhan, hoy llevamos las mochilas cargadas con nuestras pertenencias, nuestras ilusiones y grandes expectativas. Tenemos que llegar a Biturd, al puesto militar donde controlan a los camiones que hacen constantemente la ruta de Dusambé a Kasgar vacíos y vuelven cargados de infinidad de productos de fabricación china. Contamos con conseguir que alguno nos lleve en autostop a Alichur. 

Desde el centro Khorog sale una marsrutka que nos lleva hasta las afueras y empezamos a caminar los tres kilómetros que nos separan del control militar… la suerte está de nuestro lado: a los cinco minutos le hacemos el alto a un coche y nos lleva hasta Biturd. El conductor se niega ha aceptar nuestro dinero.

Los soldados destinados al puesto nos saludan amistosos. Después de un par de preguntas, invitación a té y una silla para que Kasia pueda sentarse; señalan un par de camiones estacionados que ya habíamos visto antes de llegar.

Los conductores duermen – nos explican – pero no os preocupéis; cuando despierten os organizamos el transporte.

En efecto. Cuando los camiones paran en el control, vemos a todos hablando y señalándonos. En pocos minutos estamos a bordo de uno de ellos dándoles las gracias a los soldados y con la esperanza de que en todos los controles que nos quedan por pasar sean igual amables. Nuestro conductor es Saifullo. Tiene 46 años. Antes conducía un autobús en Dusambé, luego un viejo Kamaz ruso y ahora lleva 8 años haciendo esta ruta con su camión. Conoce cada agujero, bache y desnivel de esta carretera. Siempre va acompañado de un amigo en otro camión y se dejan un día de margen para los imprevistos. Los dos tienen mujer e hijos y piensan en ellos. Nos aseguran que llegaremos a Alichur hoy mismo. Por delante tenemos 200 kilómetros de carretera en mal estado y cuesta arriba pero no nos preocupa; estamos cómodos, tenemos semanas de visado y el ritmo lento que llevamos nos deja disfrutar del inmenso paisaje. ¡Por fin estamos en Pamir Highway!

autostop a Alichur

Autostop a Alichur en camión

El asfalto en buen estado nos abandona pronto, comienzan los baches, agujeros y socavones… afortunadamente a nuestra velocidad y con el camión vacío, la amortiguación cumple su función. Pasamos por decenas de pequeños pueblos (Rozh, Tang, Sizhd, Debasta, Ver, Goz, Oqmamad… según los apuntes de Kasia). Construcciones abandonadas en mitad de la nada sin ninguna corriente de agua cerca me dejan pensativo: ¿A quién se le ocurrió asentarse allí? ¿Por qué lo abandonó después? ¿Será un refugio para pastores? 

Cada vez que Saifullo habla, tenemos que pedirle que lo repita. No es que no entendamos sino que vamos tan ensimismados con la extensa nada que nos rodea que nuestros cerebros parecen estar en modo ahorro de energía. De repente, una explosión. El camión se desvía hacia la izquierda. Hemos pinchado. Ayudo a Saifullo a cambiar la rueda mientras Kasia hace fotografías y charla un poco con dos niños de alguna casa cercana que han acudido al vernos. Supongo que en ese lugar cualquier cosa se convierte en el acontecimiento de la semana… quizás del mes. Una hora después y con una buena sudada, nos ponemos en camino. Los chavales se quedan el viejo e inservible neumático supongo que como juguete hasta que llegue el invierno y lo usen de combustible para hacer fuego. 

Autostop a Alichur: aventuras 😉

Pamir Highway autostopem

La siguiente parada es para comer, el amigo de Saifullo nos espera impaciente. Le explicamos el contratiempo del pinchazo y ordenamos la comida. El restaurante es una pequeña construcción casi en ruinas pero la comida es deliciosa y barata. Aquí no paran los turistas sino los camioneros. Aprovechamos para invitar a nuestro conductor ya que cuando nos subimos a su camión no quiso ni oír hablar de dinero. El dueño nos muestra orgulloso las obras de lo que será un gran restaurante al otro lado de la carretera, pensando en la cada vez más afluencia de turismo… ¿perderá su ambiente de restaurante barato para camioneros? Es posible pero aquí, como en el resto del mundo, cada persona quiere prosperar y tener más dinero para conseguir una vida mejor. No podemos juzgarle.

Cruzando Jelondy

Seguimos subiendo. Hace tiempo que desaparecieron los prados verdes. Solo vemos una carretera que se pierde en el horizonte, el páramo marrón que nos rodea y, a lo lejos, montañas. Enormes y majestuosas, algunas con los picos cubiertos de nieve; otras redondeadas por la fuerza del viento. El paisaje es desolador para la vida pero hay vida. Antes de llegar al pueblo de Jelondy, nos detenemos enfrente de una pequeña casa. A lo lejos se ven otras construcciones, son baños de aguas termales. El viento trae el olor a huevos podridos de las aguas sulfurosas. Toda la zona está sobre manantiales y algunos han construido casas de baño públicas. Saifullo y su amigo van a darse un baño, el dueño les saluda como clientes habituales. Es un ritual cada vez que pasan por aquí, nos invitan pero nos duchamos esa misma mañana y preferimos observar el paisaje desolador y hablar un rato con el dueño. 

Está nublado y la temperatura ha descendido varios grados. Aparte de las casas de Jelondy a lo lejos, no hay nada. Todo es aridez a más 3.500 metros de altitud, ni siquiera un pequeño arbusto sobreviviría allí. El agua de los manantiales no sirve para el cultivo pero sí para calentar las casas. Tuberías conducen el agua caliente alrededor de cada estancia de la casa para luego desembocar fuera en un agujero lleno de piedras “oxidadas” por el azufre incrustado en ellas.  

autostop a Alichur

Pamir Highway autostopem

Kasia pasea tomando fotografías de la nada que nos rodea. Yo hablo con el dueño. Tiene 30 años (parece cerca de los 50), es electricista y vive aquí con su mujer. El es del Valle de Bartang y ella del cercano Valle de Shokdara. Estuvo trabajando en Rusia más de dos años hasta que ganó lo suficiente para comprar la casa y construir los baños termales. También sirve comidas y en su tiempo libre arregla coches. Pegado a la casa tenía un clásico Chrysler estadounidense parcialmente desmantelado mientras cambiaba todo el cableado. Nos invita a un té en el interior de la casa y aceptamos con la condición de que solo sea un té, nada de comida. Sentados en el comedor nos comenta que están pensando en volver a Bartang. Aquí no ganan tanto como pensaban y las condiciones son extremadamente duras, incluso, en verano hace frío. 

Saifullo regresa encantado y rebosando energía. Rocía el salpicadero con un limpiador, saca un trapo y lo limpia todo incluso las alfombrillas del suelo. Se sirve una taza de té del termo que siempre le acompaña y dice, con una sonrisa de oreja a oreja: Vamos para Alichur.  

Pamir Highway autostopem

Al atravesar Jelondy  entiendo al dueño de los baños termales. Hay bastantes casas pero muchas están abandonadas. En otras se ve la falta de recursos de sus habitantes; sin ventanas solo unas cuantas tablas de madera contrachapada les resguardan de las inclemencias del clima. Aunque en algunas guías venden Jelondy como un sanatorio donde venir a relajarse un fin de semana, parece ser que solo unas pocas construcciones atraen a todos los ricos que vienen a pasar unos días; el resto del pueblo resulta deprimente.

El desierto y Bulunkul

Poco a poco seguimos subiendo a través del desierto hasta llegar a los 4.000 metros. No hay casas ni animales ni vegetación. Todo es roca gris y tierra marrón. No hay ni rastro de vida. Parece que estemos en otro planeta buscando rastros orgánicos pero no los encontramos. Pasan las horas y a lo lejos aparece una mancha verde… ¿es agua? Saifullo nos dice que es el Lago Bulunkul. Nos vamos acercando y empieza a verse algo de verde, pastores con sus rebaños y algunas casas desperdigadas. Aparte de eso nada, solo montañas a lo lejos y un gran especio abierto que invita a ser contemplado con calma. Pronto pasaremos el desvío de la carretera hacia Langar, esa carretera que nadie recorre excepto los jeeps con conductor alquilados por turistas que pagan por kilómetro recorrido. Cuando estuvimos en Wakhan y preguntábamos sobre seguir el camino hasta Alichur, todos respondían: ¿Para qué queréis ir a Alichur? Nadie va a Alichur.

Pamir Highway autostopem

Pamir Highway autostopem

Pamir Highway autostopem

Autostop a Alichur: éxito

Aparecen las edificaciones. Algunas casas pequeñas de una sola planta. Típicas. Encaladas en blanco. Techos de placas metálicas repletos de estiércol puesto a secar. Habíamos oido que el pueblo no cuenta con electricidad pero los postes están ahí clavados con los cables eléctricos colgando; lo único que falta es conducirlos hasta las casas y conectarlos. De hecho incluso tienen receptores para la telefonía móvil y les llega una débil conexión a Internet aunque no tengan ni electricidad ni agua corriente. 

Rechazamos la oferta de Saifullo para dormir en la cabina del camión y continuar a la mañana siguiente. Está oscureciendo y queremos visitar el pueblo y los alrededores. Nos quedaremos un par de noches. Nos despedimos de Saifullo y prometemos mandarle las fotografías que le hemos hecho cuando las imprimamos en Osh o Bishkek. Estamos parados en mitad del pueblo y nadie nos presta ninguna atención. La bienvenida es como el pueblo… desoladora.

Cansados y contentos de la suerte que tuvimos hoy, nos dirigimos hacia un guesthouse que tenemos marcado en el mapa. 

Primer tramo de Pamir Highway: ¡autostop a Alichur conseguido!

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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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