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Turismo Y Mafia En Sagada, Filipinas

Turismo y mafia en Sagada, Filipinas

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Muchas gracias, dije en inglés mientras pasaba de largo y la mujer nos increpaba que somos unos delincuentes y que la policía (la misma a la que aseguraba haber llamado hacía 20 minutos) averiguaría en que hotel estamos para… las últimas palabras no pude escucharlas. Así empezamos y terminamos nuestro desafío a la mafia en Sagada.

Descanso en Sagada

Sagada es un pequeño pueblo de montaña situado en la región de Cordillera en la isla de Luzón. Los filipinos intentan venderlo como la “Shangri La de Filipinas” y con mucho éxito entre los turistas nacionales. Los habitantes de Manila, acuden a cientos durante los fines de semana para descansar del calor, el ruido y el caos de la capital.

También nosotros queríamos descansar del calor y el caos característico de los países del Sudeste Asiático y, sobre todo, esperábamos alejarnos un poco del turismo de playa. Ese turismo que tanto nos había decepcionado en Palawan. Queríamos ver bosques, queríamos dejar de sudar, queríamos ver otro verde que nos fuera de las palmeras y el bambú.

SagadaPrimer encuentro en Echo Valley

Después de pagar los 50 pesos por persona de la tasa de “ecoturismo” y mapa en mano (léase teléfono con Maps.me) nos dirigimos hacia la iglesia que vemos desde el balcón de nuestra habitación, un poco más allá empieza el camino que lleva al Echo Valley. A los pocos metros de empezar el camino nos encontramos con una pequeña caseta de control donde comprueban si hemos pagado la tasa y nos preguntan dónde está nuestro guía. Al contestar que ni tenemos ni necesitamos guía para caminar por un sendero de más de tres metros de ancho hasta el valle, empezaron los problemas.

No podemos ir sin guía. Las mujeres del puesto de control y algunos hombres que son guías nos impiden el acceso repitiendo que es ilegal ir sin contratar los servicios de uno de ellos para que te acompañe sin darte ni una explicación ya que ellos no hablan inglés. Que hay una ley que obliga a llevar guía. Aunque les decimos que hemos andado por los Himalayas por nuestra cuenta y que no hay ningún problema en seguir el camino bien marcado que vemos ante nosotros y que aparece tanto en Maps.me como en el mapa que te dan al pagar la entrada, nos bloquean el paso y nos amenazan con llamar a la policía. Enfadados volvemos sobre nuestros pasos y nos dirigimos a la oficina de información turística para reclamar; aunque de poco nos sirve. Ya nos hemos llevado otra decepción sobre este país.

Sagada

El puesto…

Sagada

y el camino

De vuelta en nuestra habitación leemos el artículo en wikitravel sobre Sagada y nos deja sorprendidos que oficialmente nada ni nadie puede obligarnos a contratar un tour privado exceptuando las visitas a las cuevas, lo cual vemos comprensible. Con esa información nos vamos a la preguntar al puesto de policía. Los amables agentes nos confirman que no son obligatorios los guías. Nos explican que el ayuntamiento ha publicado una ley en la que recomienda (no obliga) a los turistas hacer las visitas acompañados de un guía. Solo para las visitas a las cuevas son obligatorios.

Segundo encuentro

Días después y llenos de confianza por la información que nos dió la policía, nos encaminamos hacia otra de las “atracciones turísticas” de Sagada. Al llegar al desvío una mujer nos corta el paso agresivamente mientras nos dice lo mismo sobre que es ilegal, que necesitamos un guía y que va a llamar a la policía. Esta vez completamente calmados y sabiendo lo que sabemos, le contestamos amablemente que llame si quiere que mientras tanto vamos bajando por el camino. Ignorando sus gritos de reproches y amenazas continuamos nuestro camino. En pocos minutos nos envuelve el silencio (la mujer ha dejado de gritar o nos hemos alejado lo suficiente), estamos rodeados de bosque, por fin.

SagadaSolo un poco de viento se cuela entre los árboles provocando un mínimo sonido hasta que nos cruzamos con otros turistas que suben. Nos saludan, los saludamos, llega su guía y nos pregunta dónde está el nuestro. No tenemos, contestamos mientras seguimos avanzando y alejándonos de las amenazas. A los pocos minutos, a pesar de sentirnos bien rodeados de bosque, notamos un regusto amargo, no estamos disfrutando del lugar. Cada encuentro con algún filipino se traduce en amenazas y gritos. Hartos de la situación subimos de regreso para “enfrentarnos” de nuevo con la mujer. Por el camino hablo con Kasia y acordamos dar las gracias y seguir nuestro camino y así lo hacemos: tal y como he empezado este post.

A la tercera va la vencida

Renunciamos a pasear por el bosque. No se puede razonar con esa gente, solo discutir o recibir insultos y amenazas. Así que nos adaptamos. Elegimos algunas rutas por la parte baja y nada turística del pueblo que nos llevarían a campos de cultivo y cascadas. Algunos lugareños que trabajaban las tierras en ese momento nos miraban con cara de pocos amigos pero unos pocos nos saludaban y sonreían. Los niños que nos encontramos jugando por las calles nos miraban con asombro, como preguntándose qué estábamos haciendo por esas calles; al igual que algunas mujeres que estaban haciendo la colada delante de sus casas.

Sagada

SagadaSagadaSagadaSagadaAún así nos sentimos engañados y estafados. No por el dinero de la entrada (menos de un euro) sino porque con el comportamiento de esos guardias y guías que te quitan las ganas de pasear.

Turismo y mafia en Sagada

Entiendo que todos quieran ganar con el turismo y que todos los que no tienen un hotel, un restaurante o cafetería o una tienda de recuerdos también quieren exprimir hasta el último céntimo al turista pero en el caso de Sagada se han excedido. No es la primera (ni será la última) vez que nos hemos encontrado en situaciones en las que hay que pagar entradas. En Indonesia o Tailandia hay que pagar por entrar a templos, playas, aparcamientos, reservas naturales, etc… pero suelen ser cantidades simbólicas. Aquí el camino al Echo Valley cuesta 20 euros y lo haces en hora y media o dos. Si quieres quedarte más tiempo, no puedes. Aunque principalmente viven del turismo nacional (la mayoría viene desde Manila a pasar el fin de semana) los guías no explican nada; solo te acompañan y marcan el ritmo y el tiempo que puedes estar en cada lugar. Si pago por un guía quiero que me explique algo de la zona, la cultura, los ritos funerarios…

Si estuviéramos haciendo un trekking de varios días donde pasas por pueblos sin alojamiento y tuviéramos que pedir permiso para acampar, entendería que fuera recomendable un intérprete aunque no es imprescindible. Los primeros meses de viaje íbamos en bicicletas y acampábamos donde podíamos; al igual que cuando hacíamos auto-stop por Irán o China, siempre resolvimos los problemas de comunicación sin tener un idioma común que no fuera el de la sonrisa, la amabilidad y el respeto.

También entiendo que la mayoría del turismo nacional viene para uno o dos días y quiere verlo todo. Están de vacaciones, quieren rentabilizar su tiempo y lo mejor es ir con alguien que sepa el camino en lugar de tener que ir preguntando o mirando el mapa del teléfono. Quizás yo haría lo mismo si estuviera de vacaciones aunque tengo serias dudas. Nunca he ido a una excursión organizada sino era para ir a una cueva o a algún lugar al que no se puede llegar en transporte público.

Cada uno que disfrute de su tiempo libre como la plazca pero en Sagada ni eso se puede. La única solución son las rutas que aparecen en Maps.me y que no coincidan con ninguna de las rutas que aparecen en el mapa que te dan después de pagar la tasa de “ecoturismo”. Esta situación me hizo sentir como en una cárcel donde para hacer algo distinto a lo establecido, tienes que esquivar a los guardias.

Dónde dormir y comer en Sagada

No todo fue mal en Sagada. Encontramos un buen hotel, panadería, tienda, cafetería y restaurante.

En el Labanet Lodge por 700 pesos teníamos una habitación limpia, con baño privado y balcón. El Wi-Fi no estaba mal teniendo en cuenta los estándares filipinos.

La panadería está en la calle que sube desde la parada de autobuses y taxis. Está al lado derecho y aunque no tiene ningún letrero fuera pero podrás seguir el olor hasta la misma puerta corredera. Tiene pan y bollería todos los días desde las seis de la mañana. Aunque no siempre está recién horneado, es la mejor opción que encontrarás.

Un poco más abajo, al otro lado de la calle, tienes la mejor tienda/supermercado del pueblo. Todo tiene un precio etiquetado, así que no te pondrán precio de turista blanco.

El Sagada Brew Coffee tiene buen café, buenos precios, está limpio y tiene algunas mesas fuera.

Aunque hay muchos restaurantes, la comida filipina deja mucho que desear. No probamos otro que no fuera el Yoghurt Café. Buenos platos de pasta, deliciosos sándwich y diferentes platos de pollo a la plancha son su especialidad. A partir de las seis de la tarde se llena tanto de los pocos turistas blancos que hayan como de filipinos. El servicio es bueno y la dueña fue una de las pocas personas que nos sonrió, saludó y habló con nosotros durante nuestra estancia en Filipinas.

Cómo llegar y salir de Sagada

Se puede llegar desde Baguio (el autobús cuesta 212 pesos) o desde Bontoc (el jeepney cuesta 50 pesos). Los fines de semana hay autobuses nocturnos desde/a Manila que suelen ir bastante llenos. Es difícil comprar el billete si no es con bastante antelación. Además no te aconsejo pasar el fin de semana en Sagada.

Si quieres seguir hacia el norte desde Sagada, todos te dirán que tienes que regresar a Baguio y tomar otro autobús hacia tu destino (Vigan o Laoag); otros te dirán que puedes hacerlo desde Bontoc. La tercera opción (y la más recomendable por los paisajes) es un autobús (45 pesos) que sale a las 7 de la mañana hacia Baguio y bajarse en la intersección en Abatan (pasado Bauko). Desde allí tomas una furgoneta hasta Cervantes (70 pesos) y otra hasta la intersección en Bintalag (150 pesos). Justo en ese punto pasan todos los autobuses que van hacia el norte (por 150 pesos en unas dos horas estarás en Vigan).

Parece más complicado de lo que es. Todo está muy bien organizado ya que no es solo para los turistas, muchos locales se mueven así. A nosotros nos llevó menos de ocho horas teniendo en cuenta que esperamos una hora y media en Cervantes hasta que se llenó la furgoneta. No es para tanto estando por esta parte del mundo.

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Víctor

Atípico español, que no aguanta los toros, el fútbol, el flamenco y el calor. Le encanta el invierno y la cerveza fría. Profesor de español de vocación. Un cabezota que siempre tiene su opinión. Manitas comparable a MacGyver, con cinta, cuerda y un cuchillo arregla casi todo y con pegamento, todo. Cuando coge un libro, el mundo no existe. Bueno, lo mismo pasa si se pone a acariciar a perros y gatos. Se levanta y se despierta al mismo tiempo. Vamos, un tipo majo 😀

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